El coleccionismo o cómo los objetos son la base de la historia


Los documentos históricos son un aspecto importantísimo de la investigación histórica y constituyen su fuente primaria de información. A través de los documentos, el historiador deja de especular sobre acontecimientos pasados y puede abordar de manera científica y tangible su investigación. Los orígenes de los artículos de colección pueden ser enormemente variados y su relevancia será determinada según el contexto y su aporte histórico. En general, se distinguen entre fuentes escritas y no escritas. La escrita tiene el atractivo de que contiene en sí misma muchos datos que resultan de interés, como por ejemplo su fecha de emisión o creación. 

Fuentes escritas y no escritas, los dos pilares de la investigación

Muchas cartas, diarios, manuscritos, expedientes, actas, certificados y notas están a la espera de ser descubiertos para ayudar a reconstruir los hechos del pasado. La mayoría de las veces se encuentran en manos de coleccionistas, quienes a su valor histórico le suman indudablemente un valor económico.

Emblemas, libros, mapas, avisos, comprobantes, listas, recetas médicas, programas de estudio, etc. Son incontables los tipos de documentación que pueden convertirse en fuentes de información de gran valor para historiadores o gobiernos, según la época, el lugar o el acontecimiento que es sujeto de la investigación. Entre los objetos que no contienen escritura pero que también resultan de relevancia histórica, encontrarás artesanías, pinturas, fotografías y armas, que a su manera también dan testimonio de la época y las circunstancias históricas que los rodearon. En todos los casos, los rangos de precio son gigantescos y varían desde los 10€ hasta los 5000€, o muchísimo más. Todo dependerá de su valor histórico, de su rareza y de su estado de conservación.

Un negocio que crece con el tiempo

A través del coleccionismo, muchos de estos documentos se mantienen en buen estado de conservación y se transforman en valiosas mercancías que forman parte de un mercado que no por estar menos expuesto resulta menos lucrativo. Dado que la gran mayoría de documentos históricos están impresos en papel, el paso del tiempo es su gran enemigo. En este sentido, su conservación resulta de gran importancia y conforma uno de los aspectos más críticos a la hora de hacer una valoración económica.


Otro aspecto importante es la autenticidad. Existen especialistas muy preparados que se encargan de analizar los documentos y de verificar esta legitimidad. Es una tarea muy compleja que requiere muchos conocimientos técnicos e históricos, pero que a la larga puede ser la diferencia entre un objeto de poco valor y otro valuado en millones.