El regreso del cuarto oscuro
Si eres amante de la fotografía, lo sabes: no hay nada como el cuarto oscuro. Porque sí, la fotografía digital ha traído mil ventajas, como permitir el acceso a este maravilloso arte a gran cantidad de personas… Pero lo clásico, lo analógico, la espera en absoluta oscuridad contando los segundos seguidos de la luz roja y de la magia de la imagen formándose en el papel, eso no tiene parangón.

El regreso del químico
Estamos asistiendo a un movimiento de recuperación de la tradicional fotografía química, y no sólo entre los amantes de las últimas tendencias que descubrieron en su día las bondades de la Lomo (aquella camarita de los años 80, de lente básica y resultados coquetos, que conquistó a la juventud de este siglo), sino entre profesionales ya asentados en el negocio.
Así, aunque pueda parecer que hoy en día ha quedado relegada prácticamente a un capricho de artistas y nostálgicos, la fotografía analógica aún ha de dar mucho que hablar. Las razones son múltiples: desde la disciplina que requiere saber que sólo se dispone de un número de disparos limitado por el tipo de carrete, hasta el valor que se pone en la espera.
El hecho es que en la fotografía tradicional todo es buscado; desde el tipo de película hasta el papel donde se impresionará la imagen, cuya elección no es baladí, ya que desde la densidad del color o la intensidad de los negros, pasando por la resistencia al deterioro, o el mismo tacto, son factores importantes para el resultado final. Sin olvidar los efectos que se logran en el laboratorio. Porque sí, hay que decirlo bien alto, la manipulación de la imagen no se inventó con el Photoshop. Pero ese es otro tema.

Amor por lo retro
¿Nostalgia de un tiempo pasado que idealizamos por representar lo perdido? Puede ser. Pero también es posible que, en estos tiempos de inmediatez y perfección, echemos de menos el ritmo pausado de la toma bien estudiada y el posterior trabajo en el laboratorio, de la imperfección del grano y la posibilidad de la sorpresa ante el resultado final. Son cosas que, con todas sus bondades, la fotografía digital nos niega.
Y, sí, puede que echemos de menos aquellos tiempos en los que hacer fotos era algo complicado, que exigía una cierta inversión y una dedicación que resultaba absurda a los ojos de los profanos. Porque hoy, ¿quién guardaría carretes fotográficos en la fresquera para mantenerlos más tiempo o convertiría el lavabo familiar en un improvisado laboratorio ante la irritación del resto de los habitantes de la casa?