Una inversión de muchos quilates


¿Te has planteado alguna vez la posibilidad de comprar diamantes y gemas sueltas como forma de inversión? Quizás pienses que se trata de una tarea complicada y reservada para expertos profesionales, pero en realidad es relativamente sencilla y no está en absoluto reservada a los bolsillos más privilegiados. Siempre que esté certificada por algún organismo internacional reconocido (GIA, HRD, IGI...), hasta la más pequeña pieza de tanzanita, ópalo, alejandrita o diamante puede ser una buena inversión de futuro, ya que, al ser materias primas que se agotan con el tiempo, su valor no deja de crecer.
De reducido tamaño, fáciles de transportar y convertibles en moneda en cualquier lugar del mundo, estas gemas son probablemente una de las mejores inversiones que puedes realizar a medio o largo plazo.


No te dejes deslumbrar


Sin embargo, no cualquier gema cumple los requisitos necesarios para ser una buena inversión, y deberemos ser muy escrupulosos con lo que compramos si realmente queremos que se revalorice y nos aporte beneficios. Por ejemplo, a la hora de comprar un diamante deberemos fijarnos en las denominadas "4 Cs" por sus siglas en inglés: talla (cut), color (color), claridad (clarity) y peso en quilates (carat weight). 


En el caso de gemas como el rubí, la esmeralda o el zafiro, además de a estas cuatro características habremos de prestar atención a las mejoras y tratamientos a los que haya sido sometida la gema para realzar su aspecto. La irradiación, el revestimiento y el blanqueado o teñido son procedimientos que generalmente se utilizan para mejorar la calidad de las joyas, pero también pueden ser utilizadas para enmascarar algún defecto o fraude.
Cabe señalar que las gemas de color sin mejora alguna son muy poco frecuentes y su precio resulta sencillamente astronómico.


En cualquier caso, el precio final de nuestra gema o diamante dependerá, lógicamente, de la suma de todas esas características y propiedades físicas, que deberán estar claramente detalladas en el pertinente certificado que la acompañe en el momento de su compra. De ese modo, habremos de asegurarnos de que en él se especifiquen con exactitud el color de la gema, el acabado de su talla, los tratamientos de mejora a los que haya sido sometida, si tiene cualquier fractura o marca en la superficie...
Hablando de piezas tan valiosas como estas, merece la pena no confiarnos y tomar todas las precauciones posibles para cerciorarnos muy bien de lo que estamos comprando.