Conviértete en un auténtico rastreador de tesoros
La caza de pequeños "tesoros" en forma de objetos metálicos perdidos, monedas antiguas u otras reliquias es una apasionante y divertidísima afición que podemos disfrutar tanto solos como en familia, ya sea en la playa, la montaña o incluso bajo el agua. Es una actividad que despierta la imaginación y desarrolla la paciencia y la perseverancia, por lo que resulta ideal para los niños, pero que también nos puede ayudar a encontrar objetos y monedas realmente valiosos, lo que sin duda alegrará el bolsillo de los adultos.
Sea cual sea nuestra intención a la hora de lanzarnos a la búsqueda de metales, necesitaremos en cualquier caso hacernos con un buen detector de metales, cuyas características dependerán fundamentalmente del uso que le vayamos a dar y del lugar donde vayamos a realizar nuestra "caza".
Lógicamente, las prestaciones de nuestro detector no serán las mismas si sólo lo queremos para utilizarlo esporádicamente cuando vayamos al campo con nuestros hijos, a si realmente estamos buscando un producto de pruebas, medidas e inspección de calidad profesional para detectar oro a grandes profundidades. Del mismo modo, si vamos a llevar a cabo nuestra búsqueda sobre todo en la playa, necesitaremos un detector especial que soporte bien la salinidad y no tenga problemas con la conductividad de la humedad, característica que podemos obviar si nuestra detección va a tener lugar en lugares secos.

No habrá metal que se te escape
Básicamente, existen dos tipos de detectores, los VLF (Very Low Frequency o Muy Baja Frecuencia) y los de pulsos o impulsos. La diferencia es que los primeros cuentan con circuitos de discriminación, que es la capacidad del detector para dar con el tipo de metal que busquemos específicamente y rechazar la señal de aquellos que no nos interesen.
Obviamente, se trata de aparatos más sofisticados pero en absoluto infalibles, ya que es muy frecuente que, por ejemplo, confundan el aluminio con el oro. Además, esta es una prestación que suele encarecer sensiblemente nuestro detector, de modo que debemos pensarnos muy bien si la inversión en ella merece la pena.
Otras dos características importantes que debemos observar en estos y en otros detectores y medidores de prueba son el tamaño del plato, que irá en función del tamaño de los objetos que queramos buscar, y el rango de detección, que se refiere a la profundidad a la cual podrá llegar nuestro detector. Respecto a este último punto, hay que señalar que no debemos confiar ciegamente en lo que nos anuncie el fabricante, ya que hay numerosos factores, como el tipo de suelo o la humedad de éste, que pueden influir sensiblemente en ese valor.