Bajo eléctrico, en el corazón de la música
A mediados de los años cincuenta, con la guitarra recientemente amplificada dominando en los escenarios, uno de los grandes problemas de las bandas era el aparatoso desplazamiento del contrabajo y su limitación sonora frente a aquella. Aunque ya había sido ideado con anterioridad, fue Leo Fender el que popularizó la solución que sigue vigente hoy en día: el bajo eléctrico.
Desde que se comenzó a acercarse al gran público este sustituto barato, ergonómico y manejable del contrabajo, el bajo logró hacerse un hueco en el imaginario popular, convirtiéndose en elemento imprescindible para las formaciones musicales de muy diversos estilos. Los bajos Fender fueron durante muchos años el estándar a imitar, aunque pronto le seguirían otras míticas casas, como Gibson o Rickenbacker, entre otras.

Un clásico moderno
Así, el bajo eléctrico, instrumento relativamente moderno, se ha convertido en parte importante  de muchas formaciones musicales. Desde bajos de cuatro, cinco o incluso más cuerdas, hasta de de mástil encolado, atornillado o a través del cuerpo, pasando por modelos vintage, existen posibilidades en el mercado al alcance de todo tipo de necesidades. Con un rango de precios que puede oscilar entre los 50€ por un bajo eléctrico de segunda mano hasta los más de 10000€ por piezas realmente excepcionales.
Los bajos acústicos (que suelen contar también con una muy útil amplificación) son, desde mediados de los años setenta, otra posibilidad a tener en cuenta para los amantes de los sonidos graves y rítmicos. Proporcionan una gran versatilidad y permiten a un tiempo acompañar instrumentaciones no amplificadas.

Los tiempos del DIY
Cada vez más encontramos aficionados y lutieres que crean sus propios instrumentos. Existen en el mercado numerosas posibilidades para ello, pudiéndose encontrar por piezas desde los cuerpos a los mástiles, pasando por puentes, rascadores, clavijas, etc. Otra opción que están explorando numerosos instrumentistas es la de adquirir bajos de segunda mano para sustituir sus pastillas y otros elementos por piezas nuevas o de mayor calidad, obteniendo así un instrumento totalmente personalizado. ¡Son los tiempos del Do It Yourself (Hazlo tú mismo)!

Y ahora… ¡A ensayar!
Una vez con el instrumento entre las manos, no queda sino enchufar el cable al amplificador, dejarse llevar por su sonido grave y profundo, deslizar los dedos o la púa por las cuerdas, ajustar bien la correa y, ¡ a practicar! Ensayo tras ensayo, en solitario o con la banda, será el momento de dejar brotar la creatividad y seguir los pasos de los grandes instrumentistas.