Un momento de relax
Lo dicen la psicología y el sentido común; en este mundo estresante es necesario encontrar un momento para cuidarnos y dejarnos mimar por manos expertas. Para ello, qué mejor que una escapada al salón de belleza, del que saldremos, no sólo con mejor imagen, sino con la sensación de bienestar que proporciona el haber dedicado un rato simplemente a sentirnos bien. 

Un cuidado específico
De entre los servicios de estética más solicitados, y dentro ya del específico y altamente demandado apartado de la pedicura y la manicura, encontramos los baños con hidromasaje o de parafina.
Los hidromasajes suponen un comienzo ideal en la rutina de belleza. El agua ha de estar a la temperatura adecuada, y, a ser posible, perfumada o enriquecida con lociones que aportarán numerosos nutrientes a nuestra piel. A continuación, se suele aplicar un suave masaje que logrará que la experiencia de relajación sea total, y terminará con la manicura y el aplicado de cremas hidratantes.
La parafina está indicada en casos de pieles muy secas o agrietadas, ya que forma una especie de barrera que retiene la humedad de la piel evitando su pérdida y favoreciendo la absorción del tratamiento aplicado. El resultado después de una sesión con esta sustancia es una piel mucho más suave y elástica.
También, como tratamiento continuado, la parafina posee propiedades calmantes y analgésicas. Esta sustancia mantiene durante largo rato el calor, sin alcanzar nunca temperaturas peligrosas en el salón de belleza, de manera que elimina el dolor y proporciona una acción antiinflamatoria mucho más duradera que el agua del hidromasaje.
Alivia las contracturas y los dolores, tanto de origen reumático como degenerativo, por lo que se emplea de manera habitual en tratamientos de fisioterapia y rehabilitación. Al mismo tiempo, como hemos visto, proporciona gran suavidad y elasticidad a la habitualmente castigada piel de manos y pies, y también de los codos, por lo que es imprescindible en cualquier salón de belleza.

Desconexión y pulcritud
Si cuidarnos ha de ser una prioridad, y encontrar un momento para ello una necesidad, la manicura y la pedicura pasan a ser nuestro billete a la salud mental. Con ellas lograremos ese ansiado instante de desconexión y, como regalo, una imagen mucho más pulcra y cuidada. Cuidar los pies es esencial, ya que son lo que nos mueve, lo que nos permite comernos el mundo. Pero las manos son aún más importantes. Porque, no lo olvidemos, las manos son nuestra carta de presentación a ese mundo que nos proponemos devorar.
 

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