Manuscritos de coleccionismo; un viaje en el tiempo

Los manuscritos son todos aquellos documentos escritos a mano en un soporte flexible y transportable. Los primeros que se conocen fueron realizados por los egipcios en papiro hace 4.000 años, y antes de la aparición de la imprenta todos los documentos fueron manuscritos. Hoy día el coleccionismo de estos papeles está principalmente basado en todos aquellos documentos, ya sean oficiales o privados, que tienen valor por su importancia histórica o literaria, o que se refieren o han sido producidos por personajes históricos con transcendencia.

Ser coleccionista de manuscritos implica cierta pasión por viajar en el tiempo, sentir más cerca a aquellas personas que hace años estuvieron en contacto con ese legajo y utilizaron la tinta con la que se escribió cierta información que ha llegado a nuestros días, pero también tener olfato y paciencia hasta llegar a adquirir el manuscrito deseado. También existe dentro de esta parcela del coleccionismo la denominada manuscritología, cada vez más en boga y que se trata de coleccionar autógrafos de personajes emblemáticos.

¿Cómo organizar la colección de manuscritos?

Una de las formas más recomendables de organizar la colección es tener un espacio dedicado a archivo y seguir las técnicas que hoy día se emplean en la archivística en cuanto a ordenación, clasificación y catalogación de documentos, que básicamente siguen las normas internacionales ISAD-G, ya que de esta manera se verá favorecida la comunicación y el intercambio entre coleccionistas, refiriéndose a los documentos con una clasificación universal. Este es el sistema empleado a menudo por las grandes casas nobiliarias con archiveros a cargo de su colección.

¿Qué tipos de manuscritos podemos encontrar?

  • Documentos oficiales
  • Documentos reales
  • Documentos varios autografiados por personajes históricos
  • Documentos religiosos
  • Cartas

¿Qué es un palimpsesto?

Es un manuscrito que ha sido reutilizado, por lo que mantiene huellas de la escritura anterior previamente borrada con piedra pómez. En ocasiones se han descubierto verdaderas joyas paleográficas en relación con este tipo de documentos que escondían bajo su tinta un escrito mucho más importante, como es el caso de alguna obras de la Edad Media en cuyo soporte se escondía información de la época romana.

Es a partir del siglo XIX cuando se empiezan a aplicar técnicas que permiten restaurar la antigua escritura que permanecía escondida. Hoy día se utilizan técnicas de luz que permiten ver los textos borrados sin necesidad de borrar o erosionar lo que hay escrito encima.

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